05 May 2008 - 06:12:15 pm
A lo largo de la historia del arte ha habido innumerables personas que han teorizado sobre éste, artistas o no. Pero de todos los que han hecho alguna crítica, de los que se han mojado y han juzgado obras, autores y movimientos, cabe destacar, en mi opinión, a dos grupos. Los inmovilistas, anticuados, conservadores o como queramos llamarles, cuya filosofía artística se podría simplificar de forma bastante basta a quedarse en lo previamente establecido a la hora de pintar o esculpir. Y en segundo lugar estuvieron, están y estarán aquellos que valoran el progreso como algo positivo, el alejamiento más o menos drástico de la producción artística del movimiento anterior. A veces esto significará volver a antiguos cánones, a veces significará volver a unos nuevos.
Algunos inmovilistas valorarán todo el trabajo realizado por el hombre a lo largo de la historia en materia artística. Algunos otros sólo valorarán el movimiento al que consideren pertenecer y que seguramente se encontrará en jaque, contemplando los cambios sociales que lo condenarán a desaparecer -y es que sólo cuando nuestro movimiento artístico peligra es cuando nos enfundamos traje blanco, pechera y careta para esgrimir nuestros mejores argumentos en contra del ofensor enemigo.
Algunos movilistas no valorarán nada que haya sido producido antes de algún hito importante. Recordemos a Marinetti. Otros apreciarán cada momento artístico-histórico-social de una u otra forma.
Lo que no cambia es la convicción con que cada uno, tanto el conservador como el transgresor, expresa las razones por las cuales considera que el arte debe o no cambiar. Si nos pusiéramos la piel de un extraterrestre recién llegado a la tierra, que no sabe ni lo que es el arte, y tras explicarnos lo que es nos tuvieran que convencer de una cosa u otra, ¿cómo seríamos capaces de decidir? Ambos argumentos serán expuestos con igual fuerza y convicción.
En mi opinión no habría forma de decantarse por una idea u otra. Si es lo correcto, bueno, que el arte evolucione o no. Puesto que los argumentos con los que uno se puede batir son estrictamente personales.
Sin embargo, lo cierto es que el arte cambia. O, más bien, que ha cambiado. No se ha mantenido estático más allá de lo que la sociedad se ha mantenido estática. Desde los nómadas que dejaron algún rastro más o menos artístico en las rocas que se encontraron en su camino al hombre cosmopolita y cibernético que deja su huella artístico-digital en un nuevo mundo en el que encontrarás la misma obra con diferente firma.
El arte no se ha mantenido inmóvil. El lenguaje no se ha mantenido inmóvil. Nuestra mente no se ha mantenido inmóvil. A pesar de la reticencia de algunos, el cambio es inevitable. ¿Por qué plantearse si es bueno o malo? Decidir una u otra cosa no constituye más que una pieza, mayor o menor, de nuestra visión del mundo.
Así pues, yo me decantaré por dejarme llevar. Ser posmoderna. Utilizar las malditas nuevas tecnologías que absorben el alma pura del arte y se la llevan al más allá.
Algunos inmovilistas valorarán todo el trabajo realizado por el hombre a lo largo de la historia en materia artística. Algunos otros sólo valorarán el movimiento al que consideren pertenecer y que seguramente se encontrará en jaque, contemplando los cambios sociales que lo condenarán a desaparecer -y es que sólo cuando nuestro movimiento artístico peligra es cuando nos enfundamos traje blanco, pechera y careta para esgrimir nuestros mejores argumentos en contra del ofensor enemigo.
Algunos movilistas no valorarán nada que haya sido producido antes de algún hito importante. Recordemos a Marinetti. Otros apreciarán cada momento artístico-histórico-social de una u otra forma.
Lo que no cambia es la convicción con que cada uno, tanto el conservador como el transgresor, expresa las razones por las cuales considera que el arte debe o no cambiar. Si nos pusiéramos la piel de un extraterrestre recién llegado a la tierra, que no sabe ni lo que es el arte, y tras explicarnos lo que es nos tuvieran que convencer de una cosa u otra, ¿cómo seríamos capaces de decidir? Ambos argumentos serán expuestos con igual fuerza y convicción.
En mi opinión no habría forma de decantarse por una idea u otra. Si es lo correcto, bueno, que el arte evolucione o no. Puesto que los argumentos con los que uno se puede batir son estrictamente personales.
Sin embargo, lo cierto es que el arte cambia. O, más bien, que ha cambiado. No se ha mantenido estático más allá de lo que la sociedad se ha mantenido estática. Desde los nómadas que dejaron algún rastro más o menos artístico en las rocas que se encontraron en su camino al hombre cosmopolita y cibernético que deja su huella artístico-digital en un nuevo mundo en el que encontrarás la misma obra con diferente firma.
El arte no se ha mantenido inmóvil. El lenguaje no se ha mantenido inmóvil. Nuestra mente no se ha mantenido inmóvil. A pesar de la reticencia de algunos, el cambio es inevitable. ¿Por qué plantearse si es bueno o malo? Decidir una u otra cosa no constituye más que una pieza, mayor o menor, de nuestra visión del mundo.
Así pues, yo me decantaré por dejarme llevar. Ser posmoderna. Utilizar las malditas nuevas tecnologías que absorben el alma pura del arte y se la llevan al más allá.
Syndication
No Comment for this post yet...